Crítica
Quedamos subyugados por la escritura: por su construcción, por su sonoridad, por su elegancia
“Me asombra el tono portentoso de un narrador que sólo responde a sus más íntimos intereses”
«No es una novela, tampoco lo que los franceses han dado por llamar una nouvelle, tampoco un libro de relatos, tampoco un conjunto de crónicas. Es un libro que discurre libremente por unos rostros, unos cuerpos, unos gestos. […] Me temo que los referentes de este libro, por más emotividad que haya, son trampolines para una hazaña mayor: la creación de una condición narrativa, de una verdadera narratividad que no cesa. […] Me asombra el tono portentoso de un narrador que sólo responde a sus más íntimos intereses, que todo lo convierte en narrativa (hasta el pensamiento), que alarga las frases hasta volverlas serpientes de sentidos, que salta de una situación a otra sin perder la hilatura. Llega un momento en la lectura en el que sobrevolamos la anécdota y quedamos subyugados por la escritura: por su construcción, por su sonoridad, por su elegancia».