Poema

Había una vez un muchacho…

De: Poma

Había una vez un muchacho que besó a Martina con la rodilla en tierra y besaba al ser la aurora tras los barcos vapores, no porque fuera la aurora sino porque una cosa contenía a la otra, de tal modo que siempre que amanecía, el muchacho besaba, y también a la inversa. Entonces la habitación, la almohada, se teñía con una tristeza tan profunda como un aljibe sin llave lleno de agua sangrosa, de intensas almohadas. Había una vez una casa de pájaros. El muchacho ponía las yemas en Martina, por el talle de senos desbordándose, buscando su delta: las yemas eran el beso y la aurora, y al revés. Besó, las ramas se fueron directas a la casa, la tormenta, el canal, la última de las estaciones, y todo esto fue una vez. Y dos veces. Y todas las veces que besara con la rodilla en tierra y sin la rodilla en tierra.